CAPITULO I : En sintonía y a lo lejos.
Me acerqué lentamente, como un perro callejero que se acerca para pedir comida, con la cabeza baja; lo salude , me miró de tal forma que el frio en mí se terminó en ese instante, eso es lo único que me gusta recordar de ese encuentro; después, empezó el triste juego de golpear y abrir heridas ya existentes, aunque debo de reconocer que en cierta forma ese juego me altera tanto que podría llegar a gustarme, en ese juego siempre soy quien eh querido ser, aunque para ser honesta al final siempre me siento como jugar a las escondidas sin jamás ser encontrada.
CAPITULO II: ¿Ganando perdiéndote?
CAPITULO III: Matando para vivir.
Cuando vio mi rostro pali-azulado me fue soltando lentamente, me tomó del cuello con sus dos manos delicadamente y me besó , sus labios temblaban y yo no traté de resistirme; una de sus manos bajó hasta uno de los bolsillos de su abrigo, entonces fue cuando me abrazo de nuevo, esta vez no tan asfixiantemente y en el clímax de ese beso sentí una punta helada en mi espalda, brinqué un poco pero él me sujetó más fuerte , mientras me besaba sentí como esa punta helada recorría mi espalda hasta llegar a mis caderas, estaba fría, pero conforme iba cortando mi piel y tal vez alguno de mis órganos menos me importaba el hecho de que me estuviera destrozando viva, sentí como rasgaba mis costillas una a una, sentí el momento en que entró en mis riñones y los atravesó limpia y suavemente como cortando mantequilla, creo que disfruté el momento en el que el cuchillo se atoró en uno de mis huesos y él lo saco con fuerza dejando un manojo de sangre y piel tras el movimiento brusco de su mano. En ese momento yo lo abrace con fuerza, sentía como brotaba todo de mí, de repente el sabor a sangre llegó a mi boca y en ese instante sentí que lo que había pasado con él valía la pena si mi destino era terminar así, miré su rostro, era un rostro sin vida, tenía la mirada perdida pero en sus ojos se podía ver como se estaba conteniendo, tal vez vi una lágrima rodar, pero no puedo asegurarlo, me acostó en una resbaladilla muy fría y sola en el centro de ese parque.
CAPITULO IV: El susurro de un arrepentimiento que no sirve para nada
Yo no hice mucho por mí, me tomaba el tiempo para intentar sentir cada gota de sangre que abandonaba mi cuerpo y cada sensación que dejaba atrás. Él me arrastró y me dejó acostada en el pasto mientras con sus manos llenas de sangre se preparó para fumar un cigarrillo, lo miré fijamente y trataba de entender por qué lo había hecho … esa fue la primera vez que reí, ¿ de que me servía saber el por qué? Si yo estaba tirada ahí, observando como él trataba de ignorar el hecho de que yo estaba desangrándome, ¿de qué me podían servir los porqués en ese momento? Al final, ¿cómo para qué quieres entender el mundo? me pregunté y voltee al cielo para ver si había alguna diferencia… solo era más brillante. Él se acercó a mí, se acostó a mi lado y me preguntó: ¿por qué no gritas? Mi segunda sonrisa apareció y entre balbuceos le contesté: porque no me duele... Lo que me puedas hacer, no duele. Y pensé lo mismo, al final, ¿para qué quieres saber los PORQUÉS?...
CAPITULO V: Borrando los recuerdos en rojo y con sal.
Entonces se subió arriba de mí, sacó su navaja de nuevo y mientras la enterraba en mis brazos, en mi pecho y en mi estómago me pedía que gritara:
- GRITA!! Ahora si puedes hacerlo…
-GRITA ¡!ahora nadie te va a escuchar más que yo …
-GRITAA!! …
Y SUS OJOS ME REGALÁRON LÁGRIMAS
Lagrimas que escurrían hasta mí, que si ese hubiese sido un cuento mágico hubiesen podido curar mis heridas, pero no lo hicieron.
Yo nunca grite, para ese entonces ya ni siquiera me preocupaba averiguar si podía moverme, de hecho, ya ni siquiera tenía frio, o al menos eso recuerdo. Agotado, se dejó caer sobre mí y empezó a acariciarme el cabello, recuerdo que seguía llorando cuando me dijo que no tuviera miedo y que si quería, ya podía irme.
CAPITULO VI: Acabándote conmigo.
¿Irme? … yo quería quedarme ahí con él, con la vista de uno sobre el otro, los dos juntos, sin nada más en que pensar, con su cuerpo cálido encima de mí. Es gracioso y ahí reí por tercera vez; por más que intenté que ese momento durara para siempre nunca pude y en ese instante, eso no iba a cambiar, antes de que empezara a decirme que lo perdonara pude sentir la navaja entre mis dedos, con las únicas fuerzas que me quedaban pude sujetarla, en el preciso momento en el que me besó la frente le hundí la navaja en la cara con un movimiento torpe de arriba a abajo... Él sí pudo gritar
Eso es lo último que recuerdo.
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